martes, 8 de abril de 2014

Nota lapidaria

humaredas.blogspot.com

La semana pasada los mexicanos fuimos víctimas de pérdidas lamentables:

  1. Perdimos al H líder del PRI en el DF, a causa de pestilentes reportajes de la Aristegui quien todas las mañanas rumia la nota con singular alegría (¿no se cansará de repetir lo mismo ad nauseam?).
  2. Parece que ahora sí perdimos definitivamente a Mexicana de Aviación. Murió junto con la esperanza de que algún día se le haga justicia a sus trabajadores (¿o usted de veras cree que algún día atraparán a los culpables?).
  3. Perdimos al IFE que tanto dinero nos ha costado. Habrá que ver cuánto más habrá que invertir en la nueva imagen del INE para obtener resultados similares.
  4. Perdimos a casi 40,000 maestros que, de acuerdo con el censo del INEGI, nadie sabe dónde están, ni quiénes son ni qué hacen, pero que sí cobran religiosamente sus emolumentos.
  5. El nombre de la calle tres picos en Polanco amenaza con perderse sin importar las afectaciones que puedan causar a sus habitantes. Si todo sigue como lo planeado se llamará Octavio Paz… por aquello del centenario.
Y lo peor:

Perdimos una hora de nuestras vidas sin que esto se refleje en los bolsillos, pero sí en nuestro reloj biológico (se muestra ojeroso y alterado).

Difícil pensar en esas condiciones de pérdida y desvelo, ¿no les parece?


martes, 1 de abril de 2014

Mexicanos, deshonestos y voyeristas


La semana pasada, Reporte Índigo publicó una nota con el título que encabeza el Humores de hoy. Su origen está en los resultados de una investigación realizada por una empresa de seguridad informática y que consistió en extraviar a propósito 30 teléfonos inteligentes en Monterrey, Guadalajara y ciudad de México para saber cuántos regresaban a su dueño. Resulta que sólo el 17% tuvo posibilidades de que le devolvieran su aparatejo. El 83% restante nunca lo vio más, pero no sólo eso: los teléfonos iban equipados con un dispositivo de monitoreo a distancia que permitió observar que las personas que encontraban el celular no solo se lo quedaban, sino que husmeaban dentro de él: fotografías, mensajes, amigos, redes sociales, documentos y cuanta cosa guarda uno ahí (prácticamente ya son computadoras ambulantes). De ahí lo deshonestos y voyeristas.

Sin duda, ésta es una mala noticia que a ninguno de los lectores sorprende. Eso ya se sabe y tan se sabe que la empresa que encabezó este estudio utilizará los resultados para vendernos más seguridad, candados, contraseñas y demás estrategias que pueden hacer inaccesible un sitio para el mismo usuario, pero no así para los ladrones quienes se las ingeniarán para obtener lo que quieren sin importar barreras de ninguna especie (el ingenio del mexicano es de clase mundial como la CFE).

¿Cómo nos podemos corregir los mexicanos? ¿Es esto posible o no? La respuesta es difícil (por lo poco esperanzadora) y menos cuando la publicidad hace la apología de nuestros defectos. Y ahí les van dos ejemplos:

1. No sé si a nuestros queridos lectores foráneos los atormenten unas camionetas que circulan todos los días de la semana (incluyendo los domingos) y que, a todo volumen vomitan a través del perifoneo: se compran colchones, tambores, refrigeradores… bla… bla… Esta modalidad se ha vuelto una franquicia al estilo de: se compran tamales calientitos, por lo que ha proliferado la circulación de camionetas de todo tipo. La diferencia es que los tamales se anuncian a la hora del desayuno y la cena; en cambio, los gritos de la mujer de los colchones puede ser escuchada mañana y tarde y a varias leguas de distancia.

Por supuesto, las autoridades no hacen nada. Contaminar por ruido, molestar a los vecinos (y, si lo duda, haga usted una encuesta), no es motivo de amonestación. Al contrario, hace algunos meses, el GDF utilizó tan brillante idea para, por radio, promover los servicios del INFODF entre los radioescuchas. “Se compran, nombres, direcciones…  bla-bla”. En resumen: la publicidad del GDF dio por bueno, un método de anunciarse que debería estar prohibido o, al menos, tener ciertas restricciones. Y, al darlo por bueno, se prolifera más este tipo de conducta (al fin que ya pasó a la Historia con h mayúscula).

2. No sé si hayan escuchado el siguiente anuncio que, actualmente se está transmitiendo (no es textual pero por ahí va): Marcela (¡¡¡) en su casa: hijito escribe tu tarea con letra chiquita para no gastar papel y ni se te ocurra imprimir las invitaciones… Marcela en su oficina: Hijito te hice varias copias de tu tarea y, además te imprimí no sé cuántas invitaciones…. Y, ante la evidente deshonestidad de mi tocaya, HP recomienda una impresora que hará que, cualquier empresa, pueda cobijar a muchas Marcelas sin verse afectada. ¡Perfecto!  (lástima del nombre que escogieron).

Siguiendo esta lógica permisiva, mi tocaya no sólo usará el equipo, el papel y los cartuchos de la impresora, también le llevará papelería a su hijito y, si va ascendiendo de nivel, pues también se podría llevar una tajadita de los gastos para café y galletas y, ya entrados en eso, pues ahí están los gastos a comprobar, las ayudas o incentivos y, bueno, si es posible, un contratito que le permita mejorar la escuela de su hijo o comprar unas toallas decentes como las de Fox o, de plano, mejorar la vivienda y el vehículo con una pequeña comisión que un proveedor agradecido le regale… En fin, qué tanto es tantito… Al fin que los mexicanos semos bien simpáticos y el país, como la empresa que comprará su impresora HP, aguanta a las Marcelas y a muchos más por el estilo…


martes, 25 de marzo de 2014

Amarás a Dios sobre todas las cosas


No. No les pienso recitar los diez mandamientos porque, si ese fuera el caso, tal vez debería empezar por el no robarás o no matarás (tan infringidos en los últimos tiempos y ni qué decir del no desearás a la mujer de tu prójimo). Más bien, se trata de una digresión (no me fue suficiente la de la semana pasada con Aquiles y la tortuga) sobre la ficción y la realidad.

Mario Vargas Llosa dice que la ficción es una gran mentira que oculta una gran verdad. La realidad alimenta a la ficción y el escritor se toma la libertad de tomar prestadas historias ajenas para hacer con ellas una sabrosa (ahora sí literalmente) mescolanza.

Amarás a Dios sobre todas las cosas es una novela de un escritor mexicano: Alejandro Hernández (Ed. Tusquets). Es la historia de Walter, un joven migrante hondureño, que decide junto con su padre y dos hermanos aventurarse por las tierras mexicanas para llegar a los Estados Unidos. Las condiciones de miseria que se viven en San Pedro Sula y las necesidades de la familia los orillan a migrar, a pesar de los peligros que existen (ya han oído de ellos). En ese primer viaje son asaltados varias veces por rateros y autoridades (no hay ninguna diferencia entre ambos), también son maltratados, insultados, humillados. Uno de sus hermanos termina mutilado al tratar de subir al tren. Pero en esta historia de desgracias, Walter se enamora de Elena. Ambos son jóvenes y ahí arriba, trepados en el tren, se descubren. Finalmente, Walter y Elena son deportados a mitad del camino.

En Honduras, regresan a la pobreza la pobreza. Llega el huracán Stan y los hunde más en esa miseria inimaginable. Una madre amorosa y enferma saca comida de las piedras y guisa en el techo de la casa, mientras las aguas vuelven a su cauce. No hay mucho que hacer en un país devastado. Por otra parte, Elena no quiere saber nada de Walter pues él es el único testigo de una violación tumultuaria que trata de olvidar. Walter siente que ya no tiene nada que perder y decide arriesgarse de nuevo. La familia necesita dinero y el sueño americano es la única esperanza (ahí se gana en dólares). Walter sabe que ahora la moda son los secuestros de migrantes, pero decide partir. En este segundo intento, Walter efectivamente será secuestrado y todos los horrores que vivió en su primer intento, se verán acrecentados de manera exponencial. Un migrante, un sin papeles, es nadie, aunque sea mexicano (o peor: indígena). Es un ser invisible.

La historia de Walter, contada por él mismo, se traduce en la mirada de un extranjero sobre nosotros los mexicanos (lo cual produce vergüenza). Y sí, hay gente buena que ayuda en el camino, pero la corrupción de las autoridades y su connivencia con el crimen organizado es expuesto como una llaga purulenta.

El título de este libro se debe a un migrante negro que se hace amigo de Walter. Finalmente en el infierno que les tocó vivir, creer en Dios es lo único que los sostiene. Hay migrantes que, por salir del infierno, se vuelven sicarios; en consecuencia, no se puede confiar en nadie, sólo en Dios (aunque tampoco es una novela pro-religiosa). Amarás a Dios sobre todas las cosas está escrita maravillosamente; sacude y conmueve al lector.

Tres días después de haber leído la última página de esta novela, amanecí con la noticia de que en Houston habían rescatado a cien migrantes hacinados en una casa por sus secuestradores. Estaban en espera de que sus familias pagaran sus rescate (entre 3,000 y 4,000 dólares).

Sin duda, una noticia como tantas que leemos a diario. Pero ahora, gracias al libro que había leído, en esos migrantes vi a Walter, a un hombre enamorado, a un hombre que duda, a un hombre solidario, a un hombre con una madre enferma, con un hermano mutilado. Por un lado, me dio gusto que los encontraran en Houston; por otro, tristeza porque ¡ya estaban del otro lado! y con certeza los deportarán, pero también puedo suponer que lo volverán a intentar como el viejo Sísifo. Definitivamente, la historia del personaje Walter me ayudó a darle una nueva dimensión a una realidad  que se difumina entre tantas noticias espantosas de las que, por desgracia, ya no queremos saber nada contribuyendo así a la impunidad rampante.

Por algo, diría Vargas Llosa, la ficción no es inocua. Por algo se queman libros o se practica la censura. Por algo es lamentable que muchos mexicanos se contenten con sintetizar su realidad a través de un twitter o un mensajito en feisbuk o whatsapp; mientras cotidianamente los Walteres son vejados o asesinados sin piedad en nuestro país.


martes, 18 de marzo de 2014

Las enseñanzas de Zenón


um.es
He de confesar que en la prepa nunca entendí la paradoja de Aquiles y la tortuga. Según Zenón de Elea, “Aquiles nunca podrá alcanzar a la tortuga pues entre ambos siempre hay un espacio finito y como éste es divisible, Aquiles no podría alcanzar el punto final en un tiempo definido”. Sin duda, este contenido continúa siendo confuso para muchos, pero cada vez me parece más comprensible para los mexicanos. Finalmente, las paradojas y aporías de Zenón de Elea, dice Wikipedia, van enfocadas a negar la existencia del movimiento. ¿Y usted cree que algo se mueve en México, además de sus movimientos telúricos que de vez en cuando nos asustan?  

Supongamos que la tortuga se llama doña Justa o don Desarrollo. Aquiles, por su parte, representa a la clase política. Los mexicanos lo vemos activo, siempre en movimiento, en la delantera. Aquiles es veloz, día tras día nos receta discursos, leyes, spots en los que promete avances. Ejemplos emblemáticos son los informes de gobierno (del presidente, de los gobernadores y hasta de los presidentes municipales). Los escucha uno y se convence de que como país hemos avanzado un chingo. Arriba y adelante. Recuerden que en un tiempo llegamos a ser la quinta economía del mundo y más tarde nos encarnamos en un navío de gran calado. Metáforas del progreso logrado, han habido muchas.

Sin embargo, nuestro Aquiles mexicano no ha alcanzado a doña Justa ni a don Desarrollo. La primera es lenta y el segundo precario. Continuamos siendo un país pobre con una impunidad rampante. Y así como nos es difícil entender en la paradoja de Zenón que Aquiles nunca alcanzará a la tortuga porque sabemos que el griego es la encarnación del héroe con todas las cualidades posibles; igual se nos dificulta creer que los Aquiles mexicanos algún día alcanzarán a doña Justa o a don Desarrollo porque sabemos que son corruptos y cómplices entre sí. Pero, para entender mejor esta inmovilidad perenne pensemos en tres casos publicados en los periódicos esta semana (para qué ahondamos más, digo yo):
  1. Mexicana de aviación. Desde que quebró esta compañía en 2005 (hace 9 años) se dijo que el señor Gastón Azcárraga había defraudado a la línea aérea con la complicidad del gobierno y otros Aquiles más. De esa tranza, todo mundo sabía. Sin embargo, mientras miles perdieron su trabajo, el Aquiles mexicano corrió a toda velocidad fuera del país y vaya usted a saber adónde esté ahora. ¿Lo encontrarán? ¿Alcanzará algún día a doña Justa? Lo dudo.
  2. Oceanografía. Desde 2007 (hace 7 años) se sabía de las corruptelas de esta compañía en la que están involucrados varios Aquiles mexicanos (pasando por la familia de un expresidente de la República quien, por cierto, ha declarado que son tonterías esas acusaciones y que duerme tranquilo). De pronto, sale a la luz el cochinero. ¿Usted cree que, algún día, estos Aquiles alcanzarán a la tortuga? ¿Verdad que no?
  3. Y qué decir del dos veces muerto Chayo. Si bien, un Aquiles expresidente y varios de sus funcionarios inventaron su muerte, al igual que otros casos trucados (remember Florence Cassez), es muy probable que suceda lo mismo que en los casos anteriores. Nada se mueve. La tortuga irá a su paso sin que nadie la alcance.

En resumen, es claro que en este país los postulados de Zenón de Elea son actuales y siguen vigentes. Los Aquiles mexicanos nunca tocarán a la tortuga ni con el pétalo de una rosa, respetando siempre el postulado de la inmovilidad absoluta. Y aunque lleguen a atrapar a uno que otro Aquiles, jamás caerán los importantes que son los más veloces.

En fin, sólo queda recordar la frase célebre del Aquiles mexicano Fidel Velázquez: el que se mueve no sale en la foto.


     

martes, 11 de marzo de 2014

De pocos amigos


quierodibujos,com
Cuando anunciaron con bombo y platillo la reforma fiscal, Pena Nieto prometió que el sistema para las declaraciones al SAT sería amigable. Dispuesta a corroborar tan buenas noticias, decidí entrarle de lleno al asunto y no pagarle a un contador que, con mis exiguos ingresos, resultaría demasiado oneroso. He aquí lo que he aprendido en mis avatares con el SAT.

  • No se necesita un contador, sino un ingeniero en informática que configure, una y otra y otra vez la computadora para poder ingresar a las diversas aplicaciones que tiene el SAT para que usted cumpla con sus obligaciones  (IETU, DIOT, pago referenciado, mis cuentas, factura electrónica, etcétera, etcétera). Para ello, tiene que buscar versiones atrasadas y actuales de JAVA, mismas que al momento de descargarlas en su computadora  aparece este letrero: ¡¡¡PRECAUCIÓN!!! ESTE PROGRAMA PUEDE DAÑAR SU COMPUTADORA IRREMEDIABLEMENTE (o algo así) y ¿sabe qué?, pues no le queda más remedio que bajar el programita porque si no, no entra al SAT ni a patadas.
  • ¿Sabía que el mejor navegador para entrar al SAT es el internet explorer versión 9 o inferior (que ya no aparece en las computadoras “modernas” y si la de usted tiene actualizaciones automáticas pues ya se amoló)?
  • Ya que logró superar los obstáculos anteriores, aparece el asunto de los bits, porque si usted compró su compu de 64 bits (o sea reciente de hace tres años), tampoco entrará a algunas aplicaciones a menos que alguien lo asesore. Para eso, ya perdió bastantes horas de su tiempo y energía positiva. Lo cierto es que podría escribir una versión paralela al Quijote (me refiero al número de páginas) si detallara mis aventuras informáticas  con el SAT.
  • Y de nueva cuenta, superados los obstáculos anteriores, entra al llenado de las diversas aplicaciones. Para saber medio lo que va a hacer, lee los manuales, los cuales son fantásticos; en particular, el de la factura electrónica. Este manual se reduce a copiar, paso por paso, lo que usted ve en pantalla, con una leyenda al calce que dice: llénese con la información solicitada. Entonces, se queda usted verdaderamente en ascuas. En qué se diferenciara la forma del método de pago, se pregunta, y lo llena usted según su criterio que probablemente estará mal. (Y acuérdese: la autoridad no se equivoca, el que mete la pata siempre será usted).
  • Los errores. Una parte que es genial en los manuales es la correspondiente a posibles errores. Por ejemplo, en el sistema de factura electrónica  se copia la pantalla que dice: Addenda no integrada. No tiene declarado el namespace. Y en la explicación dice: este mensaje se muestra porque no tiene declarado un namespace… No, pues así, cualquiera resuelve el problema ¿no le parece?  ¿Verdad que se merecen un premio en didáctica?

Lo bueno de todo este embrollo es que usted no está solo. Afortunadamente el internet es un buen compañero y puede encontrar buenos amigos. Basta poner en la barra del google: ¿alguien sabe por qué me aparece el error C01002}2010? y entonces aparecen multitud de personas que estuvieron en la misma situación que usted, que se quebraron la cabeza y que solidariamente responden.

Me imaginé, entonces, creando el apestosat.com. Por lo que he visto en materias de quejas, pienso que tendría millones de entradas. Podría ser una buena idea, pero no quisiera entrarle a las represalias hacendarias…

El caso es que no es un sistema amigable. Tal vez, el SAT está interesado en la formación del carácter de los mexicanos. Cuando uno logra superar obstáculo por obstáculo y llegar al final, se siente bien. Como si hubiera corrido una carrera de mil metros o más… ¿Será? Lo malo es que las endorfinas se disuelven al momento de pagar.

Pero, basta de rollos. Ojalá puedan ver esta caricatura del genial Naranjo quien resume mucho mejor esta penosa historia.  

http://www.eluniversalmas.com.mx/cartones/2014/02/13067.php

martes, 4 de marzo de 2014

¿Acaso somos un país bananero?


taringa.net
Hace muchos años, Magú publicó una caricatura que se me quedó grabada. Los gringos estaban invadiendo la ciudad de México, pero no podían llegar al zócalo porque un montón de gente se trepaba en los tanques (comandados por el tío Sam) preguntando si traían fayuca.

No pude evitar recordar esta imagen al enterarme de las manifestaciones pro-chapo que se han dado en los últimos días en varias ciudades de Sinaloa. Sorprendente porque, mientras los analistas discurren si cambiará o no la situación del narcotráfico en México; mientras los gringos exigen extraditarlo porque, por obvias razones, no confían en que, ahora sí, cumpla su condena; y mientras se pide que Fox aclare cómo fue que se le escapó por la puerta grande (y, por supuesto, el expreciso se ríe ante estas demandas); mientras todo esto sucede la gente decidió desafiar a las autoridades con pancartas y camisetas con leyendas tipo: I love Chapo y exigencias como que tenga un juicio justo (a pesar de sus múltiples asesinatos) y que, además, debe llevarse en México (no hay necesidad de mandarlo a Gringolandia si aquí es más fácil comprar a los jueces, dijo Caro Quintero).

Este grupo defiende al Chapo alegando que les dio trabajo y, en consecuencia, que les ha ayudado a mejorar su economía (como el personaje de “El infierno”). Lo interesante del asunto es que durante las marchas (y como parte de la convocatoria) se han repartido camisetas, gorras, tamales, agua envasada, además, tal vez, de algunos extras tipo mota, alcohol o vaya usté a saber qué más. Pareciera que los narcos aprendieron de los políticos y que algunos grupos de mexicanos están casi condicionados a reaccionar a las dádivas de este tipo. Hoy y ayer (durante las campañas políticas) se regalaron camisetas, gorras, comida. Hoy se les regaló dinero; ayer, también (pero en tarjetas). Hoy como ayer los poderosos (los “buenos” y los “malos” si fuera posible distinguirlos así, lo cual es bastante difícil) utilizan la pobreza para sus propios fines (nada solidarios).

Pero hablando de si somos o no bananeros, ¿se imagina usted a Barack Obama invirtiendo, digamos que un minuto de su tiempo, a felicitar a Matthew McConaughey o a Jared Leto por el Oscar que recibieron? En cambio aquí, nuestro HHH señor presidente no sólo los felicitó (él también pendiente de la ceremonia), también los puso de ejemplo a seguir para los mexicanos. De un día al otro: Alfonso Cuarón, Emmanuel Lubezki y Lupita Nyong'o se han convertido en imágenes dignas de ser emuladas como si se tratara de Hidalgo, Morelos o doña Josefa. Y, bueno, como tenemos cierto corazón bananero, podríamos sentirnos orgullosos de Cuarón o de Lubezki (aunque habría que aclarar que, para triunfar, tuvieron que salir del país haciéndole honor a aquel viejo dicho que dice: nadie es profeta en su tierra). Pero, ¿qué le debemos a Lupita Nyong’o? Si bien, nació en México se fue de aquí al año de edad, después vino cuando tenía 16 a estudiar español y de volada se fue a los Unaited Estates a cursar sus estudios. Lo cierto es que de mexicana tiene el olor de la palabra en su pasaporte (que, además, no ha de usar pues tiene la doble nacionalidad). ¿Qué la hace ejemplo a seguir? ¿También el irse de aquí al año de edad?

Por otra parte, no sé si el hecho de contar con el hombre más rico del mundo entre nuestros “logros” nos haga ser un país bananero, ni el saber que 16 mexicanos más se han sumado a la lista de Forbes este año. Ignoro si estas conductas nos clasifican como país bananero. Finalmente, la producción nacional de plátano ha decaído, en Sinaloa (creo) no se producen plátanos ni tampoco en Ucrania en donde tampoco cantan mal las rancheras.

¿Somos un país bananero? Preferiría no designarnos así. Lo que sí me consta es que somos bastante sui generis (lo cual suena un poco más reconfortante, ¿no cree usted?)

martes, 25 de febrero de 2014

La libreta de visitas



farodevigo.es
Dispuesta a corroborar mi hipótesis, me quedé en la sala de espera de las oficinas de pensiones del ISSSTE, en Reforma y Lafragua, por más de tres horas. Era una mañana soleada, tranquila, aunque los alrededores del edificio (cercano al monumento a la Revolución) estaban cercados por policías que permanecían atentos a una nueva marcha (sí, otra vez) de la CNTE. Pero en las oficinas del ISSSTE no pasaba nada, ni siquiera las moscas, sólo se escuchaba de vez en cuando el arrastre de las pisadas de los ancianos acercándose al mostrador para pasar lista y poder seguir recibiendo su exigua pensión por seis meses más. Por cierto, ahora que escribo esto me pregunto: ¿cómo le harán los gargantones jubilados? En estas salas nunca he visto a un Gurría (aunque él se jubiló de NAFIN) o a alguien por el estilo. ¿Será que a ellos los eximen del pase de vigencia? ¿O que en su mundo todo tiene solución a diferencia del de los de a pie?

Pero, basta de digresiones. Lo cierto es que yo seguía ahí esperando una reacción, una amonestación, incluso, tal vez, la cárcel; pero, nada. De pronto se apersonaron dos policías, me preparé, pero no iban tras de mí, sino al baño que, por cierto, carecía de papel higiénico (¿se imagina usted un espacio al que acuden cotidianamente personas de la tercera edad, muchas de ellas con problemas de incontinencia, sin un baño con papel sanitario? ¿Acaso los directivos del ISSSTE piensan que la pensión da lo suficiente como para comprar pañales?). Los policías salieron y yo me congratulé que no pusieran sus manos encima de mí. Estoy segura de que ni se las lavaron (no por mugrosos, sino porque tampoco había agua).

En todo ese tiempo me entretuve viendo a los pensionados, o futuros pensionados, esperar a ser llamados por algún burócrata tras el mostrador. Ahí estaba Juanita (quien ya me ha atendido varias veces), en su acostumbrada ventanilla 7, desayunando unos ricos tamales, mientras quienes le aguardaban sonreían condescendientes con un gesto parecido a un rictus en rigor mortis. En cambio, en la ventanilla 6 no había nadie formado, lo cual no es de extrañar. Ya todos los contertulios del lugar sabemos que ese hombre es jetón y déspota, por lo que es mejor tratar con Juanita quien es paciente y está de buen humor después del desayuno, el almuerzo o el tentempié (lo importante es que no tenga hambre).

Siempre es entretenido observar a la gente y así se me pasaron las tres horas. No omito comentarles (como antaño escribiría en un memorándum) que en la sala también había un puestecito de mugritas para comer (todas ésas que engordan, que son un riesgo para los diabéticos y que ahora cuestan más), probablemente manejado por alguien del sindicato.

A estas alturas del relato, ustedes se preguntarán qué demonios estaba esperando yo ahí. Les cuento:

Aquella mañana, cuando llegué a la entrada principal del edificio, traté de escabullirme y subir velozmente por la escalera, pero los policías me lo impidieron, me obligaron a anotarme en el libro de visitas y responder por escrito a las preguntas reglamentarias: nombre, a quién visita, procedencia, asunto, hora de llegada, de salida y firma. Esta práctica siempre me ha parecido un monumento a la estulticia y al despilfarro. ¿Se imaginan cuántas libretas de éstas se llenan por semana y por oficina de gobierno e, incluso, privadas quienes han adoptado tan insana costumbre? Por otro lado, no conozco a nadie que revise su contenido y, si lo hubiera, confirmaría  la inutilidad de muchos puestos en las oficinas de gobierno. Mi hipótesis, como lo han adivinado, era que nadie lee lo que ahí se escribe.

Con esa idea, ante la mujer policía que custodiaba el cuaderno, escribí: Nombre: Osama Bin Laden; Visita a: Barack Obama; Procedencia: Afganistán; Asunto: perversión; و س ا م ا ا.م.  Con una amplia sonrisa, la mujer me dejó entrar y ya no por la escalera, sino por el elevador.  

A las tres horas, como he dicho, me retiré sin que nadie se hubiera percatado de que Osama Bin Laden había ido a cobrar su pensión…

Después de esta experiencia confirmo que estas libretas:

  • Son útiles para doblegar a quién acude a una oficina. En principio, se tiene uno que agachar frente a alguien para registrar su entrada. Digamos que es una caravaneo obligatorio disfrazado.
  • Representan una entrada simbólica al mundo de la burocracia donde siempre habrá alguien que se agache y otro que le ponga la pata encima.
  • Significan un gran negocio para la industria papelera (posiblemente transnacional).
  • Son un excelente pretexto para la creación de puestos y plazas en las áreas administrativas. Me encantaría conocer el lugar donde las archivan.


No me explico otra razón para su existencia, ¿o ustedes creen que si hubiera escrito el chapo Guzmán habría tenido otro resultado?